El final del dinero

Aún algunas y algunos recordaban cuando todo colapsó. Bueno, cuando digo “todo” me refiero al supuesto “todo”, al capitalismo. Los avaros e inhumanos capitalistas fueron los más ciegos de todos. Borrachos del poder que habían usurpado y se habían autoconcedido, no fueron capaces de ver que “todo” se había acabado.

Una mañana, una noticia sorprendente en una época en que lo sorprendente era cotidiano, abrió todos los telediarios. Pero esta era sorprendente incluso sobre lo sobre lo sorprendente.

“El Banco Central Europeo anuncia su quiebra irreversible. Esto sucede sólo una media hora después de que la Reserva Federal Norteamericana haya declarado primero su quiebra”.

A partir de entonces, todo se desencadenó, y nunca mejor dicho. Los agoreros de aquello de “el fin del capitalismo será el fin de la Humanidad” se tuvieron que comer, por fin, sus mentirosas palabras.

Todo se desencadenó: todos los bancos mundiales fueron cayendo como si de fichas de dominó se trataran. Pero en menos de 24 horas. El dinero y todo producto financiero perdieron su valor en menos de 24 horas. El dinero y el concepto mismo de valor de lo que fuera, dejó de existir en menos de 24 horas.

Como resultado sucedió lo siguiente: las familias ya no tenían ni créditos ni hipotecas que pagar. Los negocios, tampoco. Muerto el mafioso se acabó la deuda. Pero fue más allá. La panda de sicópatas palurdos y asesinos que en las últimas décadas gobernaban la Humanidad, de repente, perdieron todo su poder. Todo. Porque, tras generaciones parasitarias de familias sucediéndose en la herencia del poder, todos ellos eran seres completamente inútiles e incapaces y el único poder que tenían hasta entonces eran sus ingentes cantidades de dinero, poder que desapareció en absoluto y de golpe cuando el dinero y todo producto financiero dejaron de tener valor.

Aquella mañana, aquella noticia, el fin de las cadenas.

Por fin.

Adoranser

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El final del dinero

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